La República
La República —Mi opinión es que no se debe devastar ni quemar; y sà contentarse con tomarles todos los granos y frutos del año. ¿Quieres saber la razón?
—Con mucho gusto.
—Me parece que asà como la guerra y la discordia[19] tienen dos nombres diferentes, son también dos cosas distintas que hacen relación a dos objetos también diferentes. La una se da en lo que está unido a nosotros por lazos de la sangre y de la amistad, la otra, en lo que nos es extraño. La enemistad entre allegados se llama discordia; entre extraños, se llama guerra.
—No vas errado en lo que dices —admitió.
—Mira si lo que voy a decir no lo es tampoco. Digo que los griegos son entre sà allegados y parientes, y extranjeros respecto a los bárbaros.
—Bien dicho —señaló.
—Por consiguiente, cuando entre griegos y bárbaros surja cualquier desavenencia y vengan a las manos, ésa, en nuestra opinión, será una verdadera guerra; pero cuando sobrevenga una cosa semejante entre los griegos, diremos que son naturalmente amigos, que es una enfermedad, una división intestina, la que turba la Hélade, y daremos a esta enemistad el nombre de discordia.
—Soy completamente de tu opinión —dijo.