La República
La República —No —dijo—; las mismas cosas, examinadas diversamente, parecen bellas y feas, y asà sucede con lo demás.
—Y las cantidades dobles, ¿acaso nos parecen menos veces mitades que dobles?
—Para nada.
—Otro tanto digo de las cosas que se llaman grandes o pequeñas, pesadas o ligeras: cada una de estas calificaciones, ¿les conviene mejor que la calificación contraria?
—No, porque participan de la una y de la otra —dijo.
—¿Estas cosas son más bien que no son aquello que se dicen ser?
—Se parecen a esas proposiciones de doble sentido, que están en boga en los banquetes, y al acertijo infantil sobre la manera como el eunuco tira al murciélago, en que se ha de adivinar con qué y sobre qué le tira.[23] Las palabras tienen dos sentidos contrarios, porque no se puede decir con certidumbre, ni sÃ, ni no, ni lo uno, ni lo otro, ni dejar de decir lo uno y lo otro.
—¿Qué debe hacerse con esta clase de cosas —dije— y dónde pueden colocarse mejor que entre el ser y el no-ser? Porque, en verdad, no parecen más oscuras que el no-ser para tener menos existencia que la nada, ni más luminosas que el ser para existir más que él.
—Es cierto —dijo.