La República
La República —Hemos visto, pues, al parecer, que este cúmulo de cosas, a las que el vulgo atribuye la belleza y demás cualidades semejantes, ruedan, por decirlo asÃ, en el espacio que separa al puro ser de la nada.
—Lo hemos descubierto.
—Pero ya de antemano hemos convenido en que estas cosas que fluctúan entre el ser y la nada debÃan de ser el objeto, no de la ciencia, sino de la facultad intermedia, de la opinión.
—Asà convinimos.
—Por consiguiente, para los que ven la multitud de cosas bellas, pero que no distinguen lo bello en su esencia, ni pueden seguir a los que intentan demostrárselo, que ven la multitud de cosas justas, pero no la justicia misma, y lo mismo todo lo demás, diremos que todos sus juicios son opiniones y no conocimientos.
—Sin duda —dijo.
—Por el contrario, los que contemplan la esencia inmutable e idéntica a sà misma de las cosas tienen conocimientos y no opiniones.
—Es igualmente indudable.