La República
La República —No puede.
—Cuando se trate, pues, de discernir cuál es el alma nacida para la filosofÃa, observarás si desde los primeros años da muestras de equidad y de dulzura, o si es huraño e intratable.
—Totalmente de acuerdo.
—Tampoco dejarás, a mi juicio, de fijar tu atención en otro punto.
—¿Cuál?
—Si tiene facilidad o dificultad para aprender. ¿Puedes esperar que un hombre tome gusto por cosas que hace con gran trabajo y con escaso resultado?
—No serÃa factible.
—Pero si no retiene nada de lo que aprende, si todo lo olvida, ¿es posible que salga de su vaciedad de saber?
—¿Cómo podrÃa?
—Viendo que trabaja sin fruto, ¿no se verá, al fin, precisado a odiarse a sà mismo y a odiar tal ejercicio?
—¿Cómo no?
—Por lo tanto, no incluiremos en el rango de las almas nacidas para la filosofÃa a aquella que todo lo olvida, porque queremos que esté dotada de una excelente memoria.
—Absolutamente.