La República
La República —Que se podÃa tener de estas virtudes un conocimiento más exacto, pero que para llegar a conseguirlo era indispensable hacer un largo rodeo, y que podÃamos conocerlas también por una vÃa que nos separase menos del camino que habÃamos emprendido. Al parecer, os disteis por contentos, y en consecuencia traté este punto, a mi entender, muy imperfectamente, y ahora os toca a vosotros decir si quedasteis satisfechos.
—Con respecto a mÃ, lo quedé —dijo—; y me pareció que los otros lo quedaron igualmente.
—Pero en materias de esta importancia, mi querido amigo —dije—, toda medida a la que falta algo ya no es suficiente: porque de ninguna cosa puede ser justa medida lo imperfecto. Sin embargo, es achaque ordinario en muchos el darse desde luego por satisfechos, y creer que no hay necesidad de llevar más adelante las indagaciones.
—Ése es un defecto común a muchos —dijo—, que tiene por origen la indolencia.
—Pero también, si hay alguno que deba estar libre de este defecto, es el guardián del Estado y de las leyes.
—Naturalmente —dijo.