La República
La República —Es preciso, por lo mismo, que dé este gran rodeo de que acabamos de hablar —dije— y que se ejercite lo mismo en aprender que en los demás ejercicios, o jamás llegará al más alto grado de esta ciencia sublime, que conviene a él más que a ningún otro, como poco ha decÃamos.
—Pero ¿hay conocimiento más sublime que el de la justicia y el de las demás virtudes de que hemos hablado? —preguntó.
—Sin duda; y añado que respecto a estas virtudes el bosquejo que hemos trazado no basta y que no se debe renunciar a un cuadro más acabado. Pues ¿no serÃa ridÃculo que se esforzara uno por dar la máxima precisión a cosas poco importantes, y que no pusiera un especial cuidado en dar la máxima exactitud a las cosas más elevadas?
—Esta reflexión es muy sensata, pero ¿crees —dijo— que vamos a dejar que pases adelante sin preguntarte cuál es ese conocimiento superior a todos los demás y cuál es su objeto?