La República
La República —Y bien, mi querido Glaucón, ¿cuál es la ciencia que eleva el alma desde lo que nace hasta lo que es? Al mismo tiempo, fijo mi reflexión en otra cosa. ¿No hemos dicho que era preciso que nuestros filósofos se ejercitasen durante su juventud en el ejercicio de las armas?
—Sà que lo dijimos.
—Por lo tanto, es preciso que la ciencia que busquemos, además de esta primera ventaja, tenga otra.
—¿Cuál?
—La de no ser inútil a los guerreros.
—Sin duda asà debe ser, si es posible —dijo.
—Ahora bien, ¿no hemos comprendido ya en nuestro plan de educación la música y la gimnasia?[4]
—Eso es —dijo.
—Pero la gimnasia tiene por objeto, si recuerdas, lo que está expuesto a la generación y a la corrupción, toda vez que su destino es examinar lo que puede aumentar o disminuir las fuerzas del cuerpo.
—Eso parece.
—Luego no es ésta la ciencia que buscamos.
—No, no lo es.
—¿Será la música tal como queda explicada más arriba?