La República
La República —Pero recordarás —dijo— que la música corresponde a la gimnasia, aunque en un género opuesto. Su fin, decÃamos, es el de arreglar las costumbres de los guerreros, comunicando a su alma, no una ciencia, sino un cierto acuerdo mediante el sentimiento de la armonÃa, y una cierta regularidad de movimientos mediante la influencia del ritmo y de la medida. La música emplea con un propósito semejante los discursos, sean verdaderos o fabulosos —siguió—, pero no he visto que comprenda ninguna de las ciencias que buscas, o sea las propias para elevar el alma hasta lo que tú investigas ahora.
—Me recuerdas exactamente lo que ya hemos dicho —dije yo—; en efecto, no hemos creÃdo que la música comprenda nada semejante a lo que buscamos. Pero mi querido Glaucón, ¿dónde encontraremos esa enseñanza? No es ninguna de las artes mecánicas, porque nos han parecido demasiado innobles para el caso.
—¿Cómo no? Sin embargo, si descartamos la música, la gimnasia y las artes, ¿qué más enseñanzas nos quedan?
—Si no encontramos nada más fuera de ésas, acudamos a una que se aplique a todas ellas.
—¿Cuál?
—La que es tan común, por ejemplo, que todas las artes y razonamientos se sirven de ella, y que es imprescindible aprender entre las primeras.
—¿Qué es ello? —preguntó.