La República
La República —¿Cómo no?
—Mas si resulta que son dos cosas, ¿no le parecerá cada una de ellas distinta de la otra?
—SÃ.
—Ahora bien, si cada una de ellas es una, y ambas juntas son dos, las concebirá ambas como separadas; porque, si las concibiese como no separadas, no serÃa ya la concepción de dos cosas, sino la de una sola.
—Muy bien.
—La vista, decÃamos, percibe, pues, la magnitud y la pequeñez, no como dos cosas separadas, sino como cosas confundidas, ¿no es cierto?
—SÃ.
—Y para distinguir esta sensación confusa, el entendimiento, haciendo lo contrario de lo que hace la vista, se ve precisado a considerar la magnitud y la pequeñez, no confundidas, sino como distintas la una de la otra.
—Es cierto.
—Y asà ves aquà la causa de que nos preguntemos a nosotros mismos qué es magnitud y qué es pequeñez.
—Totalmente de acuerdo.
—Por esto también hemos podido distinguir una cosa como visible y otra como inteligible.
—Muy bien —dijo.