La República
La República —Pero lo que sucede con la unidad —dije yo—, ¿no sucede igualmente con todo número, cualquiera que él sea?
—¿Cómo no?
—Pero la aritmética y la ciencia del cálculo tienen por objeto el número.
—En efecto.
—Por consiguiente, una y otra son aptas para conducir al conocimiento de la verdad.
—Perfectamente aptas.
—He aquà ya, pues, dos de las enseñanzas que buscamos. En efecto, ellas son necesarias al guerrero para disponer bien un ejército, y al filósofo para salir de lo que nace y muere, y elevarse hasta la esencia misma de las cosas, porque sin esto no será nunca un verdadero calculador.
—Asà es —dijo.
—Pero ocurre que nuestro guardián es, a la vez, guerrero y filósofo.
—¿Cómo no?