La República
La República —Es porque, queriendo apresurarme demasiado, voy más despacio —dije—. Después de la geometrÃa debà hablar del desarrollo en profundidad; pero viendo que en esta materia no se han hecho sino descubrimientos ridÃculos, la he dejado aparte, para pasar a la astronomÃa, es decir, al movimiento en profundidad.
—Muy bien —asintió.
—Pongamos la astronomÃa en cuarto lugar, entonces —dije—, suponiendo que la disciplina aquà omitida será accesible desde el momento en que un Estado se ocupe de ella.
—Es, en efecto, muy probable —dijo él—. Pero como me has echado en cara, Sócrates, el haber hecho un elogio indebido de la astronomÃa, voy a alabarla de una manera conforme con tus ideas. Es evidente, a mi parecer, para todo el mundo, que la astronomÃa obliga al alma a mirar a lo alto, y a pasar de las cosas de aquà a la contemplación de las de allá.
—Eso quizá es evidente para cualquier otro que no sea yo, porque no pienso lo mismo —dije.
—Pues ¿cuál es tu opinión? —preguntó.
—Creo que, de la manera que la estudian los que la erigen en filosofÃa, hace mirar, no hacia arriba, sino hacia abajo.
—¿Qué quieres decir con eso? —inquirió.