La República
La República —Estoy conforme en todo lo que dices —admitió—; sin embargo, desde cierto punto de vista me parece difÃcil de aceptar, y desde otro me parece difÃcil de desechar. Pero como no es ésta la única vez que hablaremos de esta materia, y más adelante volveremos muchas veces a ella, doy por sentado que asà sea; y ahora pasemos a otro canto y estudiémoslo con el mismo esmero que el preludio. Dinos, pues, en qué consiste la dialéctica, en cuántas especies se divide, y por qué camino se llega a ella. Porque hay trazas de que el término adonde van a parar estos caminos es el reposo del alma y el fin de su viaje.
—No podrÃas seguirme hasta ese punto, mi querido Glaucón —dije—; por más que no te faltara mi decidida voluntad. No serÃa ya la imagen lo que yo te harÃa ver, sino la verdad misma, por lo menos tal como yo la pienso. Si al pensar asà me engaño o no, esto no hace al caso; lo que se trata de probar es que existe algo semejante digno de ver; ¿no es asÃ?
—¿Cómo no?
—¿Y no es cierto que sólo la dialéctica puede descubrirlo a un espÃritu ejercitado en lo que ha poco enumerábamos, sin que se conozca otro camino?
—También eso merece ser probado.