La República
La República —Buen amigo —dije—, la sagacidad necesaria para el estudio de las ciencias y la facilidad para aprender; porque al alma repugnan más presto las dificultades que presentan las ciencias abstractas, que las que ofrece la gimnasia, porque el trabajo es sólo para el alma, que no lo comparte con el cuerpo.
—Cierto —dijo.
—Además es preciso que tengan memoria y tesón, que amen toda especie de trabajo sin distinción; pues de no ser asÃ, ¿cómo crees que habrÃan de consentir la amalgama de tantos trabajos corporales y tantas reflexiones y ejercicios?
—Jamás lo consentirÃan de no haber nacido dotados de las condiciones más felices —contestó.
—En efecto, el error en que se incurre en nuestros dÃas —dije yo— y que tanto daño ha causado a la filosofÃa procede, como ya hemos dicho,[13] de la poca consideración en que se la tiene porque no está hecha para espÃritus bastardos, sino para verdaderos y legÃtimos talentos.
—¿Cómo? —preguntó.