La República
La República —SÃ, se lo prescribiré de concierto contigo —dijo.
—Por lo tanto —dije yo—, ¿juzgas que la dialéctica es, por decirlo asÃ, el coronamiento y el colmo de las demás ciencias; que no hay ninguna que pueda colocarse por encima de ella, y que cierra la serie de las ciencias que importa aprender?
—Sà —dijo.
XV.—Por consiguiente —dije yo—, te falta ahora designar las personas a quienes debemos hacer partÃcipes de estas enseñanzas, y de qué manera.
—Es evidente —dijo.
—¿Recuerdas cuál es el carácter de los que hemos escogido para gobernar?[12]
—¿Cómo no?
—Entonces considera que también en otras cosas debemos escoger hombres de aquel temple, y que era preciso preferir los más firmes, los más valientes y, si es posible, los más hermosos; pero estas ventajas corporales y la nobleza de sentimientos no eran bastante, y se exigió que tuviesen las disposiciones convenientes para la educación que querÃamos darles.
—¿Cuáles son estas disposiciones?