La República
La República —Razonemos del mismo modo respecto al bien. Un hombre que no puede separar por el entendimiento la idea del bien de todas las demás, ni dar de ella una definición precisa, ni vencer todas las objeciones, como un hombre de corazón en un combate, ni fundar sus argumentos en la esencia, no en la apariencia, destruyendo todos los obstáculos mediante un razonamiento irresistible, ¿no dirás de él que ni conoce el bien en sÃ, ni ningún otro bien; que si percibe alguna imagen del bien, no es mediante la ciencia sino mediante la opinión como él la comprende; que su vida se pasa en un profundo sueño, acompañado de ensueños, del que no saldrá en este mundo antes de bajar al Hades, donde dormirá un sueño verdadero?
—SÃ, por Zeus, lo diré con toda vehemencia —exclamó.
—Pero si alguna vez te encargases realmente de la educación de estos hijos imaginarios, que formas aquà de palabra, no los pondrÃas a la cabeza del Estado y no los revestirÃas con un gran poder para disponer de los negocios públicos, si eran incapaces de dar razón de sus pensamientos, siendo estos para ellos como en geometrÃa las lÃneas que se llaman irracionales.[11]
—No, seguramente —dijo.
—¿Les ordenarÃas, por consiguiente, que se dedicasen especialmente a la ciencia de interrogar y de responder de la manera más sabia posible?