La República
La República —Después de haber observado —continué— cuáles son los mejores de este género, a los que hayan mostrado más constancia y firmeza, ya en el estudio, ya en los trabajos de la guerra, ya en las demás pruebas prescritas, cuando hayan llegado a los treinta años, les concederás mayores honores; y dedicándolos a la dialéctica, distinguirás los que, sin auxiliarse de los ojos y de los demás sentidos, puedan por la sola fuerza de la verdad elevarse hasta el conocimiento del ser; y aquà es, mi querido amigo, donde es preciso tomar las mayores precauciones.
—¿Por qué? —preguntó.
—¿No has fijado tu atención —pregunté— en el gran mal que reina en nuestros dÃas en la dialéctica?
—¿Qué mal? —dijo.
—Creo —dije— que está inficionada de iniquidad.
—Es cierto —dijo.
—¿Crees que haya nada de sorprendente en este desorden? ¿No excusas a los que se entregan a él? —pregunté.
—¿En qué concepto son excusables? —dijo.