La República
La República —Les sucede lo mismo —dije— que a un hijo supuesto que, educado en el seno de una familia noble y opulenta, en medio del fausto y rodeado de adulaciones, se apercibiese, cuando fuese ya grande, de que los que se dicen sus padres no lo son, sin poder descubrir los verdaderos. ¿PodrÃas decirme qué pensarÃa de sus aduladores y de sus pretendidos padres antes de conocer su posición y después de haberla conocido? ¿O prefieres saber lo que yo pienso?
—Prefiero esto último —dijo.
XVII.—Me imagino que en el primer caso tendrÃa respeto a su padre —dije—, a su madre y a los demás que miraba como parientes, que no a sus aduladores; que estarÃa más dispuesto a socorrerlos si los veÃa en la indigencia; que lo estarÃa menos a maltratarlos de palabra o de hecho; y, en una palabra, que en las cosas esenciales les obedecerÃa antes que a sus aduladores durante todo el tiempo que ignorase la verdad.
—Es natural —dijo.
—Pero apenas supiera la verdad, en el momento, sus respetos y sus atenciones disminuirÃan para con aquéllos y aumentarÃan para con los aduladores; se entregarÃa a éstos con menos reservas que antes, siguiendo en todo sus consejos, y viviendo con ellos públicamente en la mayor familiaridad, mientras que nada le importarÃa ni su padre ni sus supuestos parientes, a no estar dotado de un natural muy bueno.