La República
La República —Necesariamente los honrarÃa y obedecerÃa menos que antes —dijo.
—Pues bien —dije yo—, cuando llegue el caso de no sentir el mismo respeto por tales principios y de no reconocer las relaciones Ãntimas que con él tienen, y si, por otra parte, le es imposible descubrir por sà mismo la verdad, ¿cómo puede menos de abrazar otra vida sino aquella que le lisonjea?
—No puede menos —dijo.
—Se hará, por consiguiente, rebelde a las leyes a que era antes sumiso.
—Por fuerza.
—Por consiguiente, los que se dedican a la dialéctica de esta manera, ¿no deben caer en este inconveniente y, después de todo, merecer que se les perdone?
—Y además que se les tenga compasión —dijo.
—Pues para no exponer a nuestros discÃpulos a la misma compasión, cuando hayan llegado a los treinta años y antes de destinarlos a la dialéctica, procurarás tomar todas las precauciones necesarias.
—Desde luego —dijo.