La República
La República —Por vÃa de precaución dijimos antes que a los ejercicios de la dialéctica sólo debÃan admitirse espÃritus sólidos y graves, en vez de admitir, como se hace en nuestros dÃas, al primero que llega, aun cuando muchas veces no tenga disposición para ello.
—Totalmente cierto —dijo.
XVIII.—¿Será bastante dar a la dialéctica un tiempo doble del que se ha dado a la gimnasia, y consagrarse a ella sin tregua y tan exclusivamente como se hizo con los ejercicios del cuerpo?
—¿Cuántos años? ¿Cuatro o seis? —preguntó.
—No importa: pon cinco. Después de esto los harás descender de nuevo a la caverna, en efecto, obligándoles a pasar por los empleos militares y por las demás funciones propias de su edad, a fin de que no cedan a nadie en experiencia. Observarás si en todas estas pruebas se mantienen firmes, aunque estén distraÃdos y sean solicitados por todas partes, o si vacilan.
—¿Y cuánto tiempo han de durar estas pruebas? —dijo.