La República
La República IV.—El cambio se hará, pues, del modo que yo he explicado; pero ¿cuál será la forma de este nuevo gobierno? ¿No es evidente que, por ser un término medio, retendrá algo de lo antiguo y que tomará algo del gobierno oligárquico pero que, en fin, tendrá algo que sea propio y distintivo?
—Asà es —dijo.
—Conservará del régimen anterior el respeto a los magistrados, la aversión de los guerreros a la agricultura, a los oficios manuales y a las profesiones lucrativas, la costumbre de las comidas públicas y el cuidado de practicar los ejercicios gimnásticos y militares. ¿No?
—SÃ.
—Lo que tendrá de propio, ¿no será el temor de elevar a los sabios a las primeras dignidades, porque ya no se formarán en su seno caracteres de una virtud sencilla y pura, sino que aparecerán caracteres compuestos de diversos elementos; el elegir para el mando espÃritus más fogosos y simples, nacidos más para la guerra que para la paz; el tener muy en cuenta las estratagemas y ardides de la guerra, y el estar siempre con las armas en la mano?
—SÃ.