La República
La República —Hombres de esta condición —dije yo— estarán ansiosos de riquezas, como en los Estados oligárquicos. Ciegos adoradores del oro y de la plata, los honrarán en la oscuridad, y los tendrán secretamente encerrados en cofres. Ellos mismos, atrincherados en el recinto de sus casas como en otros tantos nidos, gastarán en mujeres y en todo lo que halague sus pasiones.
—Es muy cierto —dijo.
—Serán, pues, avaros de su dinero, porque lo aman y lo poseen clandestinamente, y al mismo tiempo serán pródigos de los bienes de los demás a causa del deseo que tienen de satisfacer sus pasiones. Entregados en secreto a todos los placeres, se ocultarán de la ley, como un hijo relajado se oculta de su padre; y todo esto gracias a una educación fundada, no en la persuasión, y sà en la fuerza, por haber despreciado la verdadera Musa, la que preside a la dialéctica y a la filosofÃa, y por haber preferido la gimnasia a la música.
—Ese de que hablas es un gobierno mezclado de bien y del mal —dijo.
—En efecto, es una mezcla —dije—. Pero dado que domina aquà la fogosidad, lo que más sobresale es la ambición y la sed de honores.
—En gran manera —dijo.