La República
La República —Tales serÃan, pues —dije yo—, el origen y las costumbres de este gobierno. No he hecho una pintura exacta de él sino sólo un bosquejo, porque esto basta a nuestro propósito, que es conocer el hombre justo y el injusto; y porque, por otra parte, tendrÃamos que entrar en interminables pormenores si quisiéramos describir con completa exactitud cada gobierno y cada carácter.
—Tienes razón —dijo.
V.—¿Cuál es el hombre que corresponde a este gobierno? ¿Cómo se forma y cuál es su carácter?
—Me imagino —dijo Adimanto— que debe parecerse a Glaucón, por lo menos en punto a ambición.
—Podrá ser —le dije yo—; pero me parece que difiere bajo otros muchos conceptos.
—¿Cuáles?
—Debe ser más obstinado —dije yo— y menos educado con las Musas, aunque las ama bastante. Oirá con gusto, pero no tendrá ningún talento para hacer uso de la palabra. Duro con los esclavos, en vez de sentirse superior a ellos, como hacen los que han recibido buena educación, será dulce con los hombres libres y respetuoso con los gobernantes. Aspirará a los honores y dignidades, no por la elocuencia ni por ningún otro medio del mismo género, sino por las virtudes guerreras, y asà tendrá pasión por la caza y por los ejercicios gimnásticos.
—He ahà —dijo— el carácter de este Estado.