La República
La República —Durante su juventud podrá muy bien despreciar las riquezas —prosegu×, pero su apego a ellas crecerá con la edad, porque su carácter le inclina a la avaricia, y porque, privada su virtud del más excelente guardián, no es pura ni desinteresada.
—¿De qué guardián? —preguntó Adimanto.
—La razón combinada con música, porque sólo ella puede conservar la virtud en un corazón que la posee —dije yo.
—Dices bien —asintió.
—Tal es el joven timocrático —dije yo—, imagen del Estado que le corresponde.
—Exacto.
—He aquà ahora —dije— de qué manera se forma. Tendrá a veces por padre un hombre de bien, ciudadano en un Estado mal gobernado, que huye de los honores, de las dignidades, de las magistraturas y de todas las molestias que los cargos llevan consigo; y, en fin, que prefiere perder derechos a sufrir molestias.
—¿Cómo se forma el carácter de este joven? —preguntó.