La República
La República —Tampoco ignoras —prosegu× que también los criados, aun pasando por ser leales, con el hijo de la casa usan en secreto el mismo lenguaje. Cuando ven, por ejemplo, que el padre no entabla reclamación para el pago de una deuda o la reparación de alguna injuria, le dicen al hijo que «cuando sea grande, haga valer sus derechos, y procure ser más hombre que su padre». Cuando sale de casa, oye por todas partes el mismo lenguaje; ve que son despreciados y considerados como imbéciles los que se ocupan en lo que les importa, mientras que son honrados y alabados los que se mezclan en lo que no les interesa. Este joven, que escucha y ve todo esto, y que oye de boca de su padre un lenguaje enteramente distinto, y que observa que la conducta de éste es opuesta a la de los demás, es atraÃdo, a la vez, por dos fuerzas: por su padre, que cultiva y fortifica la parte racional de su alma, y por los demás, que inflaman su fogosidad y sus deseos. Como su natural no es malo de suyo y, si es solicitado por el mal, es sólo por los hombres malos con quienes trata, adopta un término medio entre los dos partidos extremos, y entrega el mando de su alma a esta parte de sà mismo en que residen la fogosidad y la ambición, que ocupa un término medio, y de esta manera se hace un hombre ambicioso y altanero.
—Me parece —dijo— que has explicado perfectamente el origen y desarrollo de este carácter.