La República
La República —Aquellas riquezas,[10] acumuladas en los cofres de cada particular, son una causa de la ruina de aquel gobierno. Su primer efecto es arrastrar a cada ciudadano a gastar en lujo para sà y para su mujer y, por consiguiente, a desconocer y eludir la ley.
—Es natural —dijo.
—En seguida, excitados los unos con el ejemplo de los demás, y queriendo imitarles, en poco tiempo el contagio se hace general, según creo.
—Naturalmente.
—En fin —dije yo—, se dejan dominar más y más por la pasión de amontonar riquezas, y cuanto más aumenta el crédito de éstas, tanto más disminuye el de la virtud. La riqueza y la virtud, ¿no son como dos pesos puestos en una balanza, que se mueven en opuestas direcciones?
—En efecto —dijo.
—Por consiguiente, la virtud y los hombres de bien son menos estimados en un Estado en la proporción en que se estiman más los ricos y las riquezas.
—Eso es evidente.
—Pero se practica lo que se estima y se descuida lo que se desestima.
—Tal sucede.