La República
La República VIII.—El cambio del espÃritu timárquico en oligárquico en un individuo, ¿no se verifica de esta manera?
—¿De qué manera?
—El hijo de un timócrata quiere, por lo pronto, imitar a su padre y seguir sus pasos; pero después ve que su padre se ha estrellado contra el Estado, como una nave contra un escollo; que después de haber zozobrado en sus bienes y su persona, ya a la cabeza de los ejércitos, ya en otro cargo importante, es conducido delante de los jueces y, calumniado por impostor, es condenado a muerte, al destierro, a la pérdida de su honor o de sus bienes...
—Eso suele suceder —dijo.
—Viendo, digo, caer sobre su padre tantas desgracias, que también llegan a él; despojado de su patrimonio, y atemorizado, arroja de cabeza aquella ambición y aquella fogosidad del trono que les habÃa levantado en su alma; y humillado por el estado de indigencia en que se encuentra, ya no piensa sino en amontonar bienes de fortuna, y por medio de un trabajo asÃduo y de mezquinos ahorros consigue al cabo enriquecerse. ¿No crees que entonces hará subir a aquel mismo trono el espÃritu de codicia y de avaricia, convirtiéndole en su gran rey, y ciñéndole la tiara, el collar y la cimitarra?
—Ciertamente —dijo.