La República
La República —Poniendo en seguida a los pies de este nuevo señor, de una parte la razón, de otra el valor, y encadenados ambos como viles esclavos, obliga a la una a no reflexionar, a no pensar sino en los medios de acumular nuevos tesoros; y obliga al otro a no admirar ni honrar más que las riquezas y a los ricos, a poner toda su gloria en la posesión de una gran fortuna y en el arte de acumularla.
—En un joven no hay cosa más rápida y violenta que el paso de la ambición a la avaricia —dijo.
—¿No es éste el carácter oligárquico? —dije.
—Por lo menos la metamorfosis parte de un hombre semejante a la constitución que, según hemos visto, concluye en oligarquÃa.
—Veamos si es igual a ella.
—Veámoslo.
IX.—Por lo tanto, ¿no tiene como primer rasgo de semejanza el colocar las riquezas por encima de todo?
—¿Cómo no?
—Además, se le parece por el espÃritu de ahorro y por la industria; no concede a la naturaleza más que la satisfacción de los deseos necesarios; se priva de todo otro gasto, y domina todos los demás deseos considerándolos como insensatos.
—Exactamente.