La República
La República —Ocupados sus padres únicamente en enriquecerse, desprecian todo lo demás, y no toman más interés por la virtud que los indigentes.
—No, en efecto.
—Con esta disposición de espÃritu, cuando gobernantes y gobernados se encuentran juntos en viajes, u otras ocasiones, como en una teorÃa,[13] en el ejército, tanto en mar como en tierra, o en cualquier otra coyuntura, y se observan mutuamente en circunstancias peligrosas, los ricos entonces no tienen ningún motivo para despreciar a los pobres; por el contrario, cuando un pobre, flaco y quemado por el sol, se ve en una pelea al lado de un rico educado a la sombra y muy obeso, viéndole jadeante y agobiado, ¿qué crees que pensará? ¿No se dirá a sà mismo que estas gentes sólo deben sus riquezas a la cobardÃa de los pobres? Y cuando se encuentran juntos, ¿no se dicen unos a otros: «En verdad, estos hombres son nuestros, pues son bien poca cosa»?
—Estoy persuadido de que hablan y piensan de esa manera —dijo.