La República
La República —Con el mismo desprecio —dije— tratan a los que muestran aún algún respeto y sumisión a los magistrados, echándoles en cara que para nada sirven y que son esclavos voluntarios. Pública y privadamente alaban y honran la igualdad que confunde a los magistrados con los ciudadanos. En un Estado semejante, ¿no es natural que la libertad se extienda a todo?
—¡Cómo no ha de extenderse!
—¿No penetrará en el interior de las familias la anarquÃa, y al fin, no se comunicará hasta a los animales? —dije.
—¿Qué quieres decir? —preguntó.
—Que los padres —dije— se acostumbran a tratar a sus hijos como a sus iguales y, si cabe, a temerles; estos a igualarse con sus padres, a no tenerles ni temor ni respeto, para gozar de completa libertad; y que los simples metecos se igualan a los ciudadanos y viceversa, y hasta los extranjeros aspiran a los mismos derechos.
—Asà sucede —dijo.