La República
La República —Pero cuando los acusados se aperciben de que el pueblo, más que por mala voluntad, por ignorancia, y seducido por los artificios de sus calumniadores, se pone de parte de estos últimos, entonces quieran ellos o no quieran, se hacen de hecho oligárquicos. No es a ellos a quienes hay que culpar por esto, sino a los zánganos que los pican con sus aguijones.
—Totalmente de acuerdo.
—En seguida vienen las denuncias, los procesos y las luchas entre los partidos.
—En efecto.
—¿No es natural que el pueblo tenga entonces alguno a quien confÃe especialmente sus intereses, y a veces procure engrandecer y hacer poderoso?
—Eso suele hacer en efecto.
—Es evidente, pues —dije—, que de esta estirpe de protectores del pueblo es de la que nace el tirano, y no de ninguna otra.
—La cosa es clara.
—Pero el protector del pueblo, ¿por qué principia a hacerse tirano? ¿No será evidentemente cuando comienza a hacer una cosa parecida a lo que se dice que pasaba en Arcadia en el templo de Zeus Liceo?
—¿Qué dicen que pasaba all� —preguntó.
—Se dice que el que comÃa entrañas humanas, mezcladas con las de otras vÃctimas, se convertÃa en lobo.[20] ¿No has oÃdo decirlo?