La República
La República —Por Zeus, mi querido Adimanto, ¿crees tú que por una amiga superflua, a quien por capricho obsequia desde la vÃspera, o por un joven a quien persigue también desde el dÃa anterior innecesariamente, será capaz de poner las manos en su padre o en su madre, en sus amigos más antiguos y más necesarios,[2] sin miramiento a sus muchos años; y llegará hasta someterlos como esclavos a esta mujer y a ese joven, que habrá introducido en la casa de sus padres?
—Sà lo hará, por Zeus —dijo.
—Luego gran fortuna es para los padres el haber dado a luz un hijo de ese carácter —dije.
—Desde luego —dijo.