La República
La República —Según todas las apariencias, al avaro le corresponderá el último rango de vida.
—¿Qué otra cosa cabe? —dijo.
IX.—Por lo tanto, he aquà dos pruebas y dos victorias consecutivas que el justo consigue sobre el injusto. Pero va a conseguir una tercera verdaderamente olÃmpica, por la que deberá dar gracias a Zeus Salvador y OlÃmpico. Es la siguiente: todo otro placer que no sea el del sabio no es un placer completo, ni puro, sino como sombreado, según lo que he oÃdo decir a alguno de los sabios.[5] Y si es asÃ, la derrota del injusto es completa.
—Seguramente, pero ¿cómo lo explicas?
—Basta para ello que yo pregunte y tú me respondas —dije.
—Interroga, pues —dijo.
—Dime —prosegu×: el dolor ¿no es lo contrario del placer?
—Sin duda.
—¿No se reconoce un estado en el que no se experimenta placer ni dolor?
—Lo hay, sin duda.
—Este estado, que es un medio entre aquellos dos contrarios, ¿no consiste en un cierto reposo en que se encuentra el alma respecto de los otros? ¿No te parece as�
—Eso es —repuso.