La República
La República —¿Le daremos, pues, el tÃtulo de productor de la naturaleza de ésta, u otro semejante?
—Ese tÃtulo le pertenece, en justicia —dijo—, tanto más cuanto que la ha hecho por naturaleza, asà como todas las demás cosas.
—Y al carpintero, ¿cómo le llamaremos? ¿No es también artÃfice de camas?
—SÃ.
—Respecto del pintor, ¿diremos también que es artÃfice y productor de lo mismo?
—De ninguna manera.
—Pues ¿qué es con relación a la cama?
—Creo que el único nombre que razonablemente se le puede dar —dijo— es el de imitador de la cosa respecto de la que los otros son artÃfices.
—Muy bien. ¿Llamas, por lo tanto, imitador al autor de una obra que se aleja de la naturaleza tres grados? —dije.
—Justamente —repuso.
—En la misma forma, el autor de tragedias, en calidad de imitador, será tercero en la sucesión del rey[3] y de la verdad. Lo mismo sucede con todos los demás imitadores.
—Asà parece.