La República
La República —¿No diremos otro tanto cuando se trata de lo cómico? Si manifiestas un placer excesivo en oÃr bufonadas sobre lo que en ti mismo te avergonzarÃas de tomar a risa y no detestarÃas como malo, sea en el teatro, sea en conversaciones particulares, te sucederá lo mismo que en las emociones patéticas. Porque entonces das rienda suelta al deseo de hacer reÃr que la razón reprimÃa antes en ti por temor de pasar por bufón; y después de haber alimentado ese deseo en la comedia, no tardarás en dejarlo escapar en tus relaciones con los demás, hasta convertirte en un farsante de profesión.
—Tienes razón —dijo.
—La poesÃa imitativa produce en nosotros el mismo efecto con respecto al amor, a la cólera y a todas las pasiones del alma que tienen por objeto el placer y el dolor, y que siguen, según decimos, a todas nuestras acciones. En lugar de hacer que se seque lo que ha de secarse, lo rocÃa y alimenta, instaura como gobernante lo que habÃa de ser gobernado para asegurar nuestra virtud y nuestra felicidad, y no hacernos peores y más desdichados.
—No puedo menos de convenir en ello —aseguró.