La República
La República —¿No es justo, por lo tanto, que le demos el derecho de venir a defender su causa delante de nosotros, sea en un poema lÃrico, sea en cualquiera otra clase de metro?
—Sin duda.
—En cuanto a sus defensores oficiosos, esos que, sin hacer versos, son amantes de la poesÃa, les permitiremos que demuestren en prosa, no sólo que es agradable, sino que también es útil a los regÃmenes polÃticos y a los particulares para el régimen de la vida; los escucharemos con gusto y ganaremos en ello, si se nos hace ver que une lo útil a lo agradable.
—¿Cómo no habrÃamos de ganar? —dijo.