La República
La República —Es preciso reconocer, por lo tanto, respecto del hombre justo, ya se encuentre pobre o enfermo o en cualquier otra situación que se considere como desgraciada, que sus pretendidos males se convertirán en ventaja suya durante su vida o después de su muerte. Porque la providencia de los dioses necesariamente se fija en el que se esfuerza en hacerse justo y en llegar mediante la práctica de la virtud a la más perfecta semejanza que puede tener el hombre con la divinidad.
—Es de creer —dijo— que un hombre de este carácter no será abandonado por su semejante.
—Del hombre injusto, ¿no debe pensarse lo contrario?
—Sin duda.
—Y asÃ, de parte de los dioses, éstos serán los galardones que pertenecen al justo.
—Por lo menos, ésa es mi opinión —dijo.