La República
La República —¿Consentirás, pues, en que yo aplique a los justos lo que tú mismo has dicho de los injustos[16]. En efecto, sostengo que los justos, cuando han alcanzado la edad madura, llegan a obtener en el Estado en que viven todas las dignidades a que aspiran; que contraen uniones a su elección ellos y sus hijos; en una palabra, todo lo que tú has dicho de aquéllos lo digo yo de éstos. En cuanto a los injustos, sostengo que aun cuando de jóvenes hayan conseguido ocultar lo que son, en su mayor parte se descubren al fin de su carrera; que cuando llegan a la vejez, ven caer sobre sà el ridÃculo y el oprobio; que son el juguete de los extranjeros y de sus conciudadanos, y para servirme de expresiones que considerabas demasiado fuertes respecto del justo, pero que son verdaderas respecto del perverso, digo que serán azotados y sometidos al tormento; en una palabra, imagÃnate que oyes de mi boca todos los géneros de suplicios de que tú hacÃas mención entonces. Veamos si quieres concederme que habrán de sufrir todo esto.
—SÃ, tanto más cuanto que nada dices que no sea razonable —admitió.
XIII.—Tales son —dije— las ventajas, el salario y las recompensas que el justo recibe durante su vida de parte de los hombres y de los dioses, además de los bienes que le proporciona la práctica de la justicia.
—Estas ventajas son a la vez gloriosas y positivas —dijo.