La República
La República —Yo, Céfalo —le dije—, me complazco infinito en conversar con los ancianos. Como se hallan al término de una carrera que quizá habremos de recorrer nosotros un dÃa, me parece natural que averigüemos de ellos si el camino es penoso o fácil, y puesto que tú estás ahora en esa edad, que los poetas llaman el umbral de la vejez,[11] me complacerÃa mucho que me dijeras si consideras semejante situación como la más penosa de la vida, o cómo la calificas.