Laques
Laques LISÍMACO. —Te lo suplico, Sócrates, porque tenemos necesidad de un juez que termine esta diferencia. Si Nicias y Laques hubieran sido del mismo dictamen, hubiéramos podido ahorrarte este trabajo; pero ya ves que disienten enteramente. Es necesario oír tu dictamen y ver a cuál de los dos prestas tu aprobación.
SÓCRATES. —Cómo, Lisímaco, ¿sigues el dictamen del mayor número?
LISÍMACO. —¿Qué cosa mejor puede hacerse?
SÓCRATES: —¿Y tú también, Melesías? Qué, tratándose de la elección de los ejercicios que habrá de aprender tu hijo, ¿te atendrás más bien al dictamen del mayor número que al de un hombre solo, que haya sido bien educado y que haya tenido excelentes maestros?
MELESÍAS: —Por lo que hace a mí, Sócrates, me atendré a este último.
SÓCRATES: —¿Te atendrás más bien a su opinión que a la de nosotros cuatro?
MELESÍAS: —Quizá.
SÓCRATES: —Porque yo creo que, para juzgar bien, es preciso juzgar por la ciencia y no por el número.
MELESÍAS: —Sin contradicción.