Menón
Menón SÓCRATES. —Para que te compare yo a mi vez. Sé que todos los hermosos gustan de que se les compare, porque se convierte en su provecho; puesto que las imágenes de las cosas bellas son bellas, a mi entender. Pero no te devolveré comparación por comparación. En cuanto a mÃ, si el torpedo, estando adormecido, produce en los demás adormecimiento, entonces yo me parezco a él; pero si no, no me parezco. Porque si llevo la duda al espÃritu de los demás, no es porque yo sepa más que ellos, sino todo lo contrario; pues yo dudo más que nadie, y asà es como hago dudar a los demás. Ahora mismo, con relación a la virtud, yo no sé lo que es; y tú quizá lo sabÃas antes de hablar conmigo; pero en este momento parece que tampoco lo sabes. Sin embargo, quiero examinar y buscar contigo lo que pueda ser.
MENÓN. —¿Y qué medio adoptarás, Sócrates, para indagar lo que de ninguna manera conoces? ¿Qué principio te guiará en la indagación de cosas que ignoras absolutamente? Y aun cuando llegases a encontrar la virtud, ¿cómo la reconocerÃas, no habiéndola nunca conocido?