Menón
Menón SÓCRATES. —Comprendo lo que quieres decir, Menón. Mira ahora cuán fecundo en cuestiones es el tema que acabas de sentar. Según él, no es posible al hombre indagar lo que sabe, ni lo que no sabe. No indagará lo que sabe, porque ya lo sabe; y por lo mismo no tiene necesidad de indagación; ni indagará lo que no sabe, por la razón de que no sabe lo que ha de indagar.
MENÓN. —¿No te parece verdadero ese razonamiento, Sócrates?
SÓCRATES. —De ninguna manera.
MENÓN. —¿Me dirás por qué?
SÓCRATES. —Sí; porque he oído hablar a hombres y mujeres decíabiles en las cosas divinas.
MENÓN. —¿Qué dicen?
SÓCRATES. —Cosas verdaderas y bellas, a mi entender.
MENÓN. —¿Pero qué dicen y quiénes son esas personas?
SÓCRATES. —En cuanto a las personas son sacerdotes y sacerdotisas que se han propuesto dar razón de los objetos concernientes a su ministerio. Es Píndaro y son otros muchos poetas; me refiero solo a los que son divinos. He aquí lo que ellos dicen, y examina si sus razonamientos te parecen verdaderos.