Menón
Menón ÁNITO. —Bien lejos están de ser insensatos, Sócrates. Los insensatos son los jóvenes que les dan dinero; y más insensatos aún los padres de estos jóvenes, que se los confían; y más que todos, las ciudades que permiten entrar en ellas a tales hombres, y que no arrojen a todo ciudadano o extranjero que se consagre a semejante profesión.
SÓCRATES. —¿Te ha hecho daño, Ánito, alguno de esos sofistas? ¿Qué razón tienes para estar de tan mal humor con ellos?
ÁNITO. —¡Por Zeus! Jamás he tenido trato con ellos; y no consentiría que ninguno de los míos se les aproximase.
SÓCRATES. —¿Luego no conoces por experiencia a estos hombres?
ÁNITO. —¡Y ojalá no haga nunca tal experiencia!
SÓCRATES. —Y no teniendo experiencia de una cosa, querido mío, ¿cómo puedes saber si es buena o mala?
ÁNITO. —Muy bien. En todo caso, los haya experimentado o no, los conozco y sé lo que son.