Menón
Menón SÓCRATES. —¿Pero crees que no haya querido hacer virtuosos a otros ciudadanos, y principalmente a su hijo? ¿O piensas que por envidia o con intención no quiso trasmitir a nadie la virtud en que sobresalía? ¿No has oído decir que Temístocles enseñó a su hijo Cleofanto a ser un buen jinete? Así es que se sostenía de pie en un caballo, lanzando dardos en esta postura, y haciendo otros movimientos de maravillosa destreza, que su padre le había enseñado; y de igual modo le hizo decíabil en todas las demás cosas, que enseñan los mejores maestros. ¿No has oído referir esto a los ancianos?
ÁNITO. —Es cierto.
SÓCRATES. —¿Seguramente no puede decirse que su hijo no tuviera disposiciones naturales?
ÁNITO. —No, probablemente.
SÓCRATES. —¿Pero has oído nunca a ningún ciudadano, viejo o joven, que Cleofanto, hijo de Temístocles, haya sido decíabil en las mismas cosas que su padre?
ÁNITO. —En eso, no.
SÓCRATES. —¿Podremos creer que haya querido que su hijo aprendiese todo lo demás, y que no se hiciese mejor que sus conciudadanos en la ciencia que él poseía, si la virtud pudiese por su naturaleza ser enseñada?
ÁNITO. —No, ¡por Zeus!