Menón
Menón SÓCRATES. —Es que no has fijado tu atención en las estatuas de Dédalo; quizá no las tenéis vosotros.
MENÓN. —¿Por qué dices eso?
SÓCRATES. —Porque estas estatuas, si no se las detiene por medio de un resorte, se escapan y huyen; mientras que, cuando se las detiene con el resorte, se mantienen firmes.
MENÓN. —¿Y qué resulta?
SÓCRATES. —No es una gran cosa tener alguna de estas estatuas que se escapan, como un esclavo que huye, porque no subsisten en un punto. Pero respecto a las que permanecen fijas por medio del resorte, son de mucho valor; y se las considera verdaderamente como obras maestras de arte. ¿Y por qué traigo esto a colación? Para explicarte lo que es la opinión o conjetura. En efecto; las opiniones verdaderas, mientras subsisten firmes, son una buena cosa, y producen toda clase de beneficios. Pero son de suyo poco subsistentes, y se escapan del alma del hombre; de suerte que no son de gran precio, a menos que no se la fije por el conocimiento razonado en la relación de causa a efecto. Esto es, mi querido Menón, lo que antes llamábamos reminiscencia. Estas opiniones así ligadas, se hacen por lo pronto conocimientos, y adquieren después estabilidad. He aquí por dónde la ciencia es más preciosa que la opinión, y cómo difiere de ella por este encadenamiento.