Parmenides
Parmenides SÓCRATES. —Estoy conforme; creo que es como dices, pero respóndeme; ¿crees que existe en sà misma una idea de semejanza, y de igual modo otra, en todo contraria, de desemejanza?; ¿que, existiendo estas dos ideas, tú y yo y todas las demás cosas, que llamamos múltiples, participamos de ellas?; ¿que las cosas que participan de la semejanza, se hacen semejantes en tanto y por todo el tiempo que participan de ella; y que las que participan de la desemejanza se hacen desemejantes; y que las que participan de las dos, se hacen lo uno y lo otro a la vez? Si todas las cosas participan a la vez de estas dos ideas contrarias, y si por esta doble participación son a la par semejantes y desemejantes entre sÃ, ¿qué hay en esto de particular? Ciertamente, si se me demostrase lo semejante haciéndose desemejante, o lo desemejante haciéndose semejante, esto si que me parecerÃa prodigioso. Pero, que cosas que participan de estas dos ideas, tengan sus caracteres respectivos, esto, mi querido Zenón, de ninguna manera me parecerÃa absurdo; como no me parecerÃa, si se me demostrase, que todo es uno por participar de la unidad, y al mismo tiempo múltiple por participar de la multiplicidad. Pero probar que la unidad misma es multiplicidad, y la multiplicidad unidad; he aquà lo que serÃa una cosa extraña. Otro tanto debe decirse de todo lo demás. Si se dijese, que los géneros y las especies experimentan modificaciones contrarias a su esencia, serÃa una cosa sorprendente. Pero de ninguna manera me sorprenderÃa que alguno probara, que yo soy uno y múltiple. Para probar que soy múltiple, bastarÃa hacer ver que la parte de mi persona que está a la derecha, es diferente de la que está a la izquierda; la que está delante, de la que está detrás; la que está arriba, de la que está abajo; con lo que creo participar de la multiplicidad. Y para probar que soy uno, dirÃa, que de siete hombres que están aquà presentes, yo soy uno; de manera que yo participo de la unidad. Se probarÃa la verdad de estas dos aserciones. Si se quisiese probar, que mil cosas son a la vez unas y múltiples, como piedras, maderas y otras semejantes, diremos que se puede demostrar muy bien que estas cosas son unas y múltiples; pero no que lo uno es lo múltiple, ni lo múltiple lo uno; y añadiremos que lo que se da por sentado, lejos de sorprender a nadie, lo concede todo el mundo. Pero sÃ, como decÃa antes, se comenzase por separar las ideas en sà mismas, por ejemplo, la semejanza y la desemejanza, la unidad y la multiplicidad, el reposo y el movimiento, y lo mismo todas las demás; si se probase, en seguida, que pueden indistintamente mezclarse y separarse; he aquÃ, mi querido Zenón, lo que me llenarÃa de asombro. Tú has razonado con valor; te lo confieso. Pero lo que me admirarÃa mucho más, repito, serÃa que se me hiciese ver la misma contradicción implicada en las ideas mismas; y que lo que ya has practicado con las cosas visibles, lo extendieses a las que son solo accesibles al pensamiento.