Parmenides
Parmenides SÓCRATES. —Parménides, me he encontrado muchas veces en gran perplejidad tratándose de estas cosas; sin saber si era preciso juzgar de ellas como de las precedentes, o de otra manera.
PARMÉNIDES. —Con respecto a estas otras cosas, Sócrates, que podrÃan parecer ridÃculas, tales como el pelo, el lodo, la basura y todo cuanto hay de indecente o innoble, ¿no encuentras la misma dificultad? ¿Hay lugar o no a reconocer, para cada una, una idea distinta, que existe independientemente de los objetos con los cuales estamos en contacto?
SÓCRATES. —Nada de eso; con relación a estos objetos, nada existe más que lo que vemos. TemerÃa incurrir en un gran absurdo, si les atribuyese también ideas. Sin embargo; mi espÃritu se ve turbado algunas veces por este pensamiento: que lo que es verdadero respecto a ciertas cosas, podrÃa muy bien serlo de todas. Pero cuando tropiezo con esta cuestión, me apresuro a huir de ella por miedo, de caer y perecer en un abismo de indagaciones frÃvolas. Fijo en las cosas que, según hemos dicho, descansan en ideas, me detengo allÃ, y las contemplo por despacio.