Parmenides
Parmenides PARMÉNIDES. —Dejemos esto como evidente; y examinemos aún, si, suponiendo que lo uno existe, las cosas otras que lo uno, no nos aparecerán con mayor claridad; o si el punto de vista que precede es el único[23].
ARISTÓTELES. —Me parece bien.
PARMÉNIDES. —Volvamos, pues, al principio; y veamos lo que sucederá a las cosas otras que lo uno, si lo uno existe.
ARISTÓTELES. —Veamos.
PARMÉNIDES. —¿No está lo uno separado de las otras cosas, y las otras cosas separadas de lo uno?
ARISTÓTELES. —¿Por qué?
PARMÉNIDES. —Porque no hay nada, además de lo uno y de las otras cosas, que sea otro que lo uno, y otro que las otras cosas. Porque no queda nada que decir, cuando se ha dicho: lo uno y las otras cosas.
ARISTÓTELES. —Nada en efecto.
PARMÉNIDES. —¿No existe una tercera cosa en la que se encuentran lo uno y las otras cosas?
ARISTÓTELES. —No.
PARMÉNIDES. —Nunca, pues, lo uno y las otras cosas se encuentran en una misma cosa.
ARISTÓTELES. —No es posible.
PARMÉNIDES. —Están, pues, separados.
ARISTÓTELES. —SÃ.
PARMÉNIDES. —Y hemos dicho, que lo que es verdaderamente uno, no tiene partes.