Protágoras
Protágoras EL AMIGO DE SÓCRATES. —Muy bien; ¿es ateniense o extranjero?
SÓCRATES. —Extranjero.
EL AMIGO DE SÓCRATES. —¿De dónde es?
SÓCRATES. —De Abdera.
EL AMIGO DE SÓCRATES. —¿Tan hermoso te ha parecido, que a tus ojos ha eclipsado al hijo de Clinias?
SÓCRATES. —¿Hay nada, amigo mÃo, que impida que el más sabio aparezca también el más hermoso?
EL AMIGO DE SÓCRATES. —Pero qué, ¿acabas de ver algún hombre sabio?
SÓCRATES. —SÃ, un sabio, el más sabio de los hombres que hoy existen; si Protágoras puede parecerte tal.
EL AMIGO DE SÓCRATES. —¿Qué me dices? ¿Que Protágoras está aqu�
SÓCRATES. —SÃ, hace tres dÃas.
EL AMIGO DE SÓCRATES. —¿Y acabas ahora mismo de dejarle?
SÓCRATES. —SÃ, en este momento, y después de una conversación muy larga.
EL AMIGO DE SÓCRATES. —¡Ah!, si no tuvieses cosa urgente que hacer ¿no querrÃas referirnos esa conversación? Siéntate, te suplico, en el sitial que ocupa este niño, que te lo cederá.
SÓCRATES. —Con todo mi corazón, y me daré por complacido, si queréis escucharme.