Timeo
Timeo SÓCRATES. —Conforme. Ayer os hablé del Estado, y quise exponeros muy particularmente lo que debe ser, y de qué hombres debe componerse, para alcanzar lo que, en mi opinión, es lo más perfecto posible[2].
TIMEO. —Es, en efecto, eso mismo lo que dijiste, y que nos satisfizo cumplidamente.
SÓCRATES. —¿No separamos en el Estado desde luego la clase de labradores y de artesanos de la gente de guerra?
TIMEO. —SÃ.
SÓCRATES. —¿Y no hemos atribuido a cada uno, según su naturaleza, una sola profesión y un solo arte? ¿No hemos dicho, que los que están encargados de combatir por los intereses públicos, deben de ser los únicos guardadores del Estado, y que si algún extranjero o los mismos ciudadanos producen algún desorden, deben tratar con dulzura a los que están bajo su mando, por ser sus amigos naturales, y herir sin compasión en la pelea a todos los enemigos que se pongan a su alcance?
TIMEO. —Seguramente.
SÓCRATES. —He aquÃ, por qué hemos dicho, que estos guardadores del Estado debÃan unir a un gran valor una grande sabidurÃa, para mostrarse como es justo, suaves para con los unos y duros para con los otros.
TIMEO. —SÃ.
