Comedias II

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SI.— Es que, mi querida Selenio, nosotras, las de nuestro [25] gremio, debemos portarnos bien unas con otras y cultivar la amistad entre nosotras, si es que te fijas en las señoronas de familias empingorotadas, cómo cultivan la amistad y lo bien compinchadas que están entre sí; aunque nosotras hagamos lo mismo, aunque las imitemos, estamos tan mal vistas que apenas se puede decir que es vida lo que llevamos. Ellas quieren [29-30] vernos necesitadas de su protección, quieren que por nosotras mismas no podamos nada y que dependamos totalmente de ellas, para que tengamos que andar siempre a sus pies. Si vas y las visitas, te resulta más fácil la vuelta que no la ida, porque de boquilla se ponen muy zalameras con nosotras pero por detrás, [35] si es que se les presenta la ocasión, no hacen más que minarnos el terreno a traición: van pregonando que tenemos trato con sus maridos y somos sus queridas, nos echan abajo en la forma que pueden. Como nosotras, tu madre y yo, no somos más que libertas, pues hemos sido las dos meretrices; ella te [40] crió a ti, yo a Gimnasio, porque tanto la una como la otra sois de padre desconocido. Y yo no le he hecho coger a Gimnasio el oficio de meretriz por desfachatez, sino para no morirme de hambre.

SEL.— Pero mejor hubiera sido que le hubieras dado un marido.


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